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LOFT Y AIKOR



Miguel me llamó una tarde porque tenía problemas con sus perros. Tenía un labrador de 14 meses y un dogo de Burdeos de casi 3.


Aikor, el cachorrín, no le daba más problemas que los lógicos de su edad, pero Loft, el labrador, se comportaba muy mal. Había empezado un curso de adiestramiento con él, pero no vio avances y pararon. 





 



Decidió entonces consultarlo con Lida, su veterinaria, a la que explicó la situación. La conclusión a la que llegaron es que Loft necesitaba una educación previa y mejorar ciertos aspectos de su vida diaria antes de emprender cualquier adiestramiento. 

Así que mi número de teléfono cambió de manos.

En la primera consulta quedé sorprendido. Loft era pesado hasta el extremo: saltaba sobre la gente, mordía las manos, las piernas, la ropa, ladraba, empujaba, chupaba, daba cabezazos,… En casa tenía los muebles mordidos, su cama destrozada, al pobre Aikor agobiado, todo lo que estaba a su alcance destruido… En los paseos tiraba y no obedecía ninguna orden. Realmente desalentador. 

Pero también había que tener en cuenta las condiciones de vida en las que había crecido. Loft no paseaba todos los días y, cuando lo hacía, no mucho tiempo. Se pasaba casi todo el día solo encerrado en una pequeña cerca al lado de la casa. Se le había intentado educar a base de gritos y empujones. Casi no conocía perros y el trato con las personas siempre había sido excitante y sin control.

Este panorama, lejos de desanimarme, me hacía ser optimista. Y mucho más cuando vi que Miguel estaba dispuesto a cambiar todo lo necesario para dar a sus perros una buena calidad de vida. En efecto, el comportamiento de Loft estaba influido por las "circunstancias" en las que se encontraba y simplemente cambiando éstas mejoraría. El resto sería cuestión de trabajar algunas cosas.

Manos a la obra: Lo primero de todo era dejar de gritar y castigar a Loft. ¿Por qué? Podría dar muchas razones: porque es un estrés para el animal, porque puede pensar que solo estás jugando con él, porque se le puede hacer daño, porque puede cogerte miedo, etc, etc. etc. Pero hoy quiero destacar una mucho más pragmática: porque no funciona. Loft llevaba casi un año con estas "medidas educativas" y no solo no había mejorado sino que estaba peor. 

¿No es consecuente y lógico pensar, entonces, que esa forma de educar no funciona? 

Pues, hala, hagámoslo de otra manera. Nos llenamos de paciencia, despejamos la casa de manera que no pudiera morder nada sensible y nos propusimos ignorar todos los comportamientos inapropiados y recompensar con trocitos de salchicha cuando se mostraba tranquilo.

Loft entró en lo que se llama la explosión de la extinción. Lo que antes le funcionaba (ser un trasto), ahora no. Así que decidió ser extremadamente trasto. Baste decir que terminó en más de una ocasión encima de la mesa del salón. 
 
Miguel me dio aquí otra prueba de que todo iría bien. Loft estaba más pesado que nunca pero él siguió mis indicaciones y "tuvo fe". Al segundo día Loft dejó esa actitud y comenzó a darnos comportamientos más tranquilos.

El tamaño de la lengua es directamente proporcional a la eficacia del paseo ;-)
Por otra parte, los perros necesitaban una rutina de paseos adecuada. Este punto es básico y así lo hice saber. Miguel pronto encontró huecos en su día a día. Un paseo mañanero, otro a medio día más largo y un último más cortito por la noche fueron su respuesta. 

Además, los paseos pasaron a ser más agradables cuando enseñamos a Loft a no tirar.



Cambiamos también algunas otras cosas: pasamos a darle la comida 3 veces/día para evitar ansiedad por comer, le pusimos juguetes adecuados para que se entretuviera y dejamos que se quedara en la terraza de casa durante las ausencias del dueño.

¿Comida solo por estarme quieto?¡Qué chollo!




Después de poner en práctica todos estos cambios durante unas semanas Loft estaba mucho más tranquilo, menos estresado, su comportamiento dejó de ser tan excitado y empezó a entender las normas de relación con los humanos.







 




Al mismo tiempo habíamos comenzado lo que me gusta denominar "adiestramiento básico aplicado". O sea, le enseñamos obediencia a algunas señales para luego poder utilizarlas en controlar su comportamiento y minimizar problemas y molestias. El sit y el platz lo llevaba bastante bien del adiestrador, pero insistimos para que respondiera rápidamente. Luego fuimos ampliando con el "quieto", "a tu cama" y "ven".

Practicando "a tu cama". Aikor no tuvo problemas con esto, le encanta su camita.

Con la obediencia encaminada pudimos comenzar algunos ejercicios que podríamos llamar de relación. Había que enseñarle a que no saltara sobre la gente, así que fuimos trayendo amigos y conocidos a la casa para que Loft aprendiera la manera correcta de saludarlos. Después de algunos saltos y muuuuchos trocitos de salchicha, empezó a entender que sentarse para recibir las visitas era mucho más "rentable" que saltarles encima. 

Posición normal de Aikor casi todo el día.


Respecto a Aikor, casi no lo he mencionado, la verdad que es un encanto de perrito. Tranquilo como él solo. Por sus 4 meses y su calmado carácter no había dado problemas significativos. Así que aprovechamos para que participara en los ejercicios de su "hermano mayor" y aprendiera desde el principio a hacer las cosas bien.



Lo que más costó en un principio fue que hiciera sus necesidades fuera. Por más tiempo que se le sacara siempre esperaba a volver a casa para desahogarse. Había que tener paciencia y constancia en las rutinas de salida. Antes o después haría fuera y la recompensa por ello pondría las bases de este aprendizaje.


También trabajamos la socialización de ambos. Un retraso en la vacunación de Aikor (debido a una infección respiratoria) hizo que no hubiera salido a la calle hasta casi los 4 meses. Así que tuvimos que darle su primer paseo con las precauciones adecuadas. Loft sí había salido, pero el contacto con otros perros había sido escaso. 

Aikor parecía estar bastante cómodo cuando conoció a los demás perros del paseo de aquel día.

Loft y Aikor disfrutaron de unos paseos en grupo con otros perros (paseos con Lux) para solucionar este vacío de socialización, que es importante llenar cuanto antes.

Loft se lo pasó pipa. ¡Por fin perros con su misma energía y ganas de jugar!

 


Loft y Aikor, Aikor y Loft aún tienen mucho que aprender y que descubrir, pero ya van por el buen camino. Con la paciencia y el cariño de Miguel conseguirán ser unos perros estupendos.











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