Ir caminando y que se te cruce un gato tal vez sea una de esas situaciones que tenemos en común la inmensa mayoría de los humanos. Da igual la latitud o la longitud en la que nos encontremos (descartemos los polos) el gato nos acompaña allá donde formemos un campamento, un pueblo o una ciudad. Tampoco encontraríamos muchas diferencias si comparáramos la actualidad con tiempos pasados, incluso miles de años atrás. Hace mucho ya que el gato se dio cuenta que nuestros graneros y vertederos atraían roedores y otros animales ideales para su dieta carnívora. Nuestros ancestros estuvieron encantados con sus nuevos vecinos. Un gato con la cola de una rata colgando de su boca despertaría más de una sonrisa y la simpatía de la mayoría. Así los gatos no fueron molestados, se les permitió criar y pudieron campar a sus anchas por los poblados. Poco a poco, generación tras generación, el pequeño felino se fue acostumbrando a la presencia de los humanos, a su cercanía, a sus juego...